viernes, 13 de febrero de 2009

CIENTO TREINTA Y NUEVE

Soy masoquista si lo acepto pero extrañaba los descensos del Señor E al subsuelo de mi vida laboral. Sus paseos pulcros, meticulosos, recriminantes, siempre objetables ciento por ciento.
Una nueva semana comienza, y no es cualquiera, es la del retorno de las vacaciones. El buen tiempo acabó, la realidad llamó a ocupar mi puesto en la trama de la historia. Igual me río y disfruto de mi regreso, porque vuelvo a la mísera ocupación pero también a mis tardes de bares, a mis cuadernos naranjas cuadriculados, a la maquinal rutina de la ciudad que me atrapa el corazón, a los poemas de cada esquina y de cada atardecer mirando el tráfico.
Río.

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