miércoles, 13 de junio de 2012

TRESCIENTOS CUARENTA Y OCHO

Yo no sabía que iba a vivir cuatro días entre tus sábanas. Que tan poco íbamos a charlar de nosotros en esta ocasión, como lo habíamos hecho el único rato que nos vimos, desde que nos miramos por única vez. Si lo hubiera sabido no hubiese pasado. Creo que en el fondo vos tenías todo planeado con suma meticulosidad, con deliciosa determinación, y yo, ajeno a tu estrategia, fui obediente hasta con el más mínimo de tus detalles. Una cadena de caprichos hirviendo de deseos, con una voluntad inquebrantable de no fundirla con besos a mil grados. Eslabón por eslabón me encadenaste a tus piernas interminables en la madrugada del viernes; a tus brazos infranqueables en la noche tardía del sábado; a tus labios impostergables en todo el anochecer del domingo. Lo que hicimos el lunes nos hubiese echado de cualquier bacanal. Pensar que yo te iba a proponer que hiciéramos el amor un día de estos.

No hay comentarios: