Cuarenta y tres mesas viendo la lluvia caer,
y hay uno que charla con un vaso a medio vivir.
Una televisión sintonizada en el ayer
y una parejita sin amor mirando el mañana por un ventanal sin dolor.
No hay paraguas a las siete de la tarde
en la calle principal de Lanús,
la oscuridad viene a ocultar los charcos del sur,
y el vaso muere y calla,
con la luna que yace en un toldo del color de la ciudad otoñal.
miércoles, 7 de marzo de 2012
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